sábado, 2 de junio de 2012

Mi columna de hoy en El Nuevo Dia


2 de junio de 2012

Otra historia de terror

VERÓNICA RIVERA TORRES
En los últimos años, los colectivos y las personas que trabajamos por los derechos humanos de las mujeres, especialmente, por su derecho a vivir una vida libre de violencias y abusos, hemos levantado la voz de alerta, entre otras cosas, ante el desmantelamiento económico e ideológico de la Oficina de la Procuradora de las Mujeres; los peligros de la campaña “Promesa de hombre” y cómo, desde prácticas estatales, se legitiman comportamientos de corte religioso fundamentalista que nos vulneran a todas las mujeres, especialmente a las más pobres.

Nuestros reclamos han caído en oídos sordos y las historias de terror se siguen acumulando. La última historia de espanto nos vino con el titular que informaba que una mujer había abortado a su bebé en el Tribunal de San Juan luego de que se le “obligara” a asistir a una vista.

Impactar positivamente la vida de mujeres en relaciones de violencia requiere paciencia, solidaridad, comprensión, amor y, sobre todo, respeto por sus decisiones. Nadie ha dicho que es fácil. Las defensoras sufrimos, también, cuando vemos que algunas mujeres desisten de los procesos contra sus agresores.

Sin embargo, reiteradamente, hemos manifestado nuestra férrea oposición a que las mujeres víctimas de violencia doméstica sean obligadas a testificar en contra de sus agresores.

Obligarlas a testificar no es la manera de lidiar con la triste realidad de que muchas mujeres no continúen con los procesos judiciales en contra de sus parejas maltratantes.

Si bien es cierto que los jueces tienen la obligación de velar por que ninguna persona abandone un proceso judicial bajo coerción o amenaza, la realidad es que lo único que se consigue cuando se obliga a una mujer a testificar en contra de lo que manifiesta ser su voluntad es revictimizarla, una y otra vez.

Nuestros reclamos siempre han sido los mismos. Para que las víctimas de violencia doméstica asuman los procesos judiciales contra sus agresores con valentía y entereza, hace falta que invierta dinero en tener más intercesoras legales en las salas del país que acompañen a las mujeres en procesos que son extremadamente difíciles. Hace falta que más jueces y demás personas que son parte del sistema judicial de Puerto Rico trabajen con conocimiento de las complejidades del síndrome de la mujer maltratada y también hace falta que más abogados nos comprometamos a trabajar, desde la sensibilidad, los casos de violencia doméstica, independientemente de quién sea nuestro cliente o de si representamos al Estado.

Las historias de terror que ganan titulares muchas veces se pierden en un intercambio de imputaciones de culpas entre las personas involucradas.

Eso no resolverá los problemas de la mujer que acaba de perder su embarazo ni los problemas de la mujer agredida sexualmente con un palo de escoba en un edificio abandonado en San Juan, ni los problemas de la jovencita que perdió sus dos piernas cuando fue arrollada por su pareja.

Lo que las circunstancias demandan es que las instituciones y las personas con poder para cambiarlas encaren la situación de alarmante violencia contra las mujeres como una emergencia que requiere cambios radicales en el statu quo y no quedarse en simples estrategias superfluas que inviten a los hombres a ser más hombres o a dejar de ver el boxeo.

domingo, 27 de mayo de 2012

Regalito Dominguero

 ¡Sorpresa! Regreso con un regalito dominguero muy especial. Brenda Hopkins Miranda y su Broken Promise. Disfruten.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Recetas de Concha Buika para disfrutar el mal de amores


Instrucciones:

Sólo sirve para quienes esos mundos raros, de corazones nunca lacerados, le resulten desconocidos; para mujeres y hombres valientes, que  juran no volver a enamorarse justo el día antes de volver a hacerlo; para quienes reconocen que el amor es el riesgo que más vale la pena; para quienes no se protegen el corazón...  y aman.


Se recomienda cierto consumo de tequila (moderado o no, según la cercanía de la promesa rota).


Ha dicho Concha Buika:

  Aprendí de Chavela Vargas que "La mujer tiene que ser muy amiga de la soledad porque es desde el lugar donde se construye una gran mujer"

...la soledad es un sentimiento
del que nos tenemos que enamorar.

Cuando estoy sola es cuando me encuentro en el mayor de mis paraísos.

La mentira sólo es una forma distinta para encontrar la verdad.

  Lo importante (en la vida) es llegar al café que salva, al coche, a tu casa, a tu chancla, a tu batita, al beso de tu hijo... llegar a otra de nuestras noches y amanecer a otro de nuestros días.


Nunca le he tenido miedo absolutamente a nada ni a absolutamente a nadie
he tenido sustos, he tenido temor... a los cinco minutos ya me estaba partiendo.
Yo no creo en el miedo.

Yo no creo que el corazón necesite protección. Yo creo que el ser que ama, no se arma, se desnuda, se envalentona a recibir los golpes, no se protege.

He tenido relaciones,  me han fallado, he fallado, me han sido unos auténticos hijos de puta, yo también lo he sido. Me ha pasado de todo soy un ser humano: he aprendido detrás del error.


Ahi está el escenario y mis canciones para reconciliarme

Yo no tengo necesidad de redención
yo he venido aquí a sentirlo todo.
¿Por qué voy evitar llorar, por que voy a evitar que las cosas me duelan?
Lo que tenga que dolerme. que me duela.


Engañar a los sentimientos es peligroso.

¿Por qué tengo que hacerme la fuerte si lo que estoy es dolida?
No, estoy dolida.  Y si quiero llorar y lloro y ya está, déjame gozar de mi lloro que también existe y pago hasta aquí.

Como, sigo viva, puedo echar un polvito por ahí, bueno, pues ya está.... tampoco la cosa está tan mal.

Enamorarse es caminar en dirección al mundo de otra persona.
Desamor es caminar en dirección a tu mundo otra vez.
Entonces no encuentro nada negativo en esa experiencia
por mucho que duela. 

Es volver a ti y continuar lo que dejaste cuando algo tan maravilloso y grandioso irrumpió en tu vida.
Pero tú tienes una mision, tu tienes un porqué, tú tienes un día a día que, concentrado en ti, hace que cada quieras un poco más y eso está muy lejos de que si Pepe, o Fulano, o Maria Antonia o Paquita, te quieran o no te quieran. Que tú ya existías antes de conocerlo.
*Receta obtenida gracias a entrevista a la artista en RCN La Radio (Colombia)

martes, 22 de mayo de 2012

“La entrada de las mujeres cambia las agendas”


El reconocido intelectual explica en una entrevista de Página/12 los retos actuales del feminismo y la necesidad de su articulación con otros movimientos sociales.
Por Mariana Carbajal / Página 12
Asiduo concurrente del Foro Social Mundial, el académico portugués Boaventura de Sousa Santos es uno de los intelectuales más comprometidos con los movimientos sociales de todo el mundo. Días atrás, fue uno de los poquísimos varones invitados como panelistas en el Foro Internacional de la Asociación para los Derechos de la Mujer y el Desarrollo (AWID, por su sigla en inglés) que se desarrolló en Estambul y en el que participaron más de 2200 mujeres de 140 países. Casi como una “pop star”, numerosas jóvenes se quisieron fotografiar con él. Por la masiva concurrencia femenina, los baños masculinos del moderno Centro de Convenciones, donde se realizó esa gigantesca cumbre global feminista, fueron habilitados como mixtos. Y Boaventura se sorprendió cuando en un apuro ingresó a uno y se encontró rodeado de mujeres.
En el Foro de AWID, De Sousa Santos exhortó a los movimientos feministas a promover la articulación con otros movimientos sociales que tienen la lucha contra el modelo neoliberal como agenda prioritaria. En una entrevista con Página/12, ahondo en esa idea y en cómo generar esas alianzas. “Este enfoque en los modelos económicos dominantes, que son androcéntricos, patriarcales, homofóbicos, es una agenda bastante fuerte de articulación entre mujeres de varias partes del mundo”, afirmó. Y consideró que “cuando las mujeres entran en las luchas sociales, las agendas de los movimientos cambian”.
De Sousa Santos es doctor en Sociología de la Universidad de Yale y desarrolla sus actividades actualmente en la Facultad de Economía de la Universidad de Coimbra, donde dirige el Centro de Estudios Sociales. Además es visitante de las universidades de Wisconsin-Madison, San Pablo, Los Andes y en la London School of Economics. Entre otros libros, escribió Refundación del Estado en América Latina. Perspectivas desde una epistemología del Sur y Portugal. Ensaio contra a autoflagelaçao. Recientemente publicó cinco Cartas a las Izquierdas, en Página/12, donde interpela a las izquierdas en relación con la crisis por la que atraviesa el mundo.

–Retomando su concepto de traducción, ¿qué piensa que deben traducir los movimientos de mujeres?

–El movimiento de mujeres tiene dos tareas muy importantes de traducción. La primera, dentro del movimiento feminista. Sabemos que en su interior hay divisiones enormes. Ahora mismo, en Porto Alegre, estuve con mujeres mapuches que no se conectan de ninguna manera con las luchas de mujeres argentinas porque, según ellas, las mujeres blancas trabajan por los derechos sexuales y otro tipo de demandas que para ellas pueden ser importantes, pero lo más importante es la defensa de la tierra y del agua, y dicen que a las mujeres blancas ese tema no les preocupa. Esto impide cualquier articulación de movimientos de mujeres, porque hay prejuicios de prioridades de lucha.

–Hay distintas prioridades de acuerdo con el contexto en el que se vive...

–Comprendo plenamente que para un feminismo urbano hay otro tipo de demandas importantes. El problema es que noso-tros, después del Foro Social Mundial, estamos convencidos de que es muy difícil hacer prioridades abstractas entre luchas. Hay luchas que ahora pueden ser más importantes para un grupo que para otro, pero nunca se sabe si esa lucha no será también importante para el otro grupo en el futuro. Por ejemplo, si las mujeres mapuches están luchando ahora por el agua, sabemos que el agua no es necesaria solamente para los campesinos. Las ciudades dependen brutalmente del agua. Una de las luchas recientes más exitosas que tuvimos fue en Colombia, donde en Bucaramanga se pudo conectar el movimiento campesino por agua de riego con los movimientos urbanos que luchaban por agua potable. Ese es el primer ejercicio de traducción intercultural dentro del movimiento feminista.

–¿Cuál sería el segundo?

–La segunda dimensión de traducción intercultural es entre el movimiento de mujeres y los otros movimientos sociales. Las mujeres han sido desde inicios del siglo XX un gran movimiento social. El fracaso, de alguna manera, del movimiento socialista en los países del este europeo, combinado con la declinación relativa del movimiento obrero, abrió una brecha para otros movimientos sociales, entre los cuales las mujeres, los indígenas, los campesinos, son los más destacados. Las mujeres han traído una nueva forma de activismo. Es un activismo alegre, de fiesta. Cuando estudiamos el movimiento obrero del siglo XIX, vemos que había teatro, poesía, bailes, porque para los obreros no había otros momentos de cultura, recreo, y fiesta sino dentro de sus organizaciones. Después, el sindicalismo se transformó en una cosa muy seria, diría aburrida, y se perdió la fiesta. Las mujeres han traído de regreso la fiesta, la celebración de la vida, los colores. Fue una nueva energía para el movimiento social en su totalidad que las mujeres aportaron y han logrado cambios en la agenda. Desde la Cumbre Mundial de Mujeres, de Beijing en 1995, hasta hoy, los logros son fundamentales. Pero no podemos decir que fue un éxito total. Porque mismo aquí en Europa, donde estamos –para mí Turquía es parte de Europa–, las mujeres tienen salarios inferiores a los de los hombres por el mismo trabajo, hay formas de machismo en todas las universidades, en las fábricas, en las calles, por todos lados. Ni en Europa nos podemos enorgullecer de haber resuelto el problema del sexismo. Me pregunto cómo vamos a pasar de aquí a una victoria más ancha, más densa, más sostenible en una época que, a mi juicio, será más difícil. Mismo en América latina, esta segunda década aparece más hostil a los movimientos progresistas, con más grupos de derecha. Creo que es necesario más que nunca unificar las fuerzas de los movimientos sociales como también las fuerzas de izquierda y es por eso que vengo escribiendo para Página/12 las Cartas a las Izquierdas. Es parte del mismo proyecto, de mi inquietud, de ver que las izquierdas se van a separar cada vez más y los movimientos también. Es muy importante que las mujeres no consideren avanzar solas por sus propias demandas.

–El problema es que nadie se concentra en las demandas de las mujeres si ellas, nosotras, no lo hacemos...

–Absolutamente. Lo tienen que seguir haciendo. Pero lo que tienen que ver es que involucrándose en otras demandas que no son originalmente suyas hacen dos cosas. Por un lado cambian las demandas. Por ejemplo, observemos las luchas contra el extractivismo en Perú o en Argentina. Cuando las mujeres entran en las luchas, la vida cotidiana, la vida de las familias, la calidad de la alimentación y del agua, entran dentro de la agenda. Porque las mujeres son las que las traen. Creo que la entrada de las mujeres en las agendas cambian esas agendas. Al mismo tiempo, se van sembrando las semillas de solidaridad para que mañana, frente a una agenda feminista, por ejemplo, el derecho al aborto que está en peligro, puedan ir a buscar a otros movimientos, el indígena, ecologista, de derechos humanos, para que se movilicen por ellas también.

–A su criterio, ¿cuáles cree que son los desafíos de los feminismos en América latina?

–La lucha es de dos tipos, muy claramente económica. Sabemos que hay un enfrentamiento muy fuerte, tenaz, en Argentina por supuesto y también en otros países, por un nuevo desarrollismo que debido al impulso de China está muy concentrado en los recursos naturales, que destruye a la Madre Tierra y a la Naturaleza. Es un modelo que desplaza gente de sus fincas, de sus tierras ancestrales, porque es un sistema de plantación de grandes hectáreas, de monocultivo. También tenemos al extractivismo de la minería, del oro, que está también destruyendo las tierras y contaminando el agua. En Argentina está el caso de Famatina, en La Rioja. Estuve involucrado con esa lucha, firmé cartas. ¿Quiénes son los activistas? Si ves las fotos, son mujeres. El primer reto es el modelo de de-sarrollo: este modelo sigue siendo el neoliberal, moderno, colonial. Las formas de desarrollo sostenible ya no son creíbles: lo único que quieren es desarrollo. No tienen ninguna preocupación por el medio ambiente. Las mujeres hoy, porque son una de las más afectadas por el neoliberalismo, por toda la destrucción ecológica, son las que deben meter el modelo económico en su agenda. Y esto puede ser a mi juicio también una traducción intercultural y una articulación interesante entre las mujeres latinoamericanas y africanas. Este enfoque en los modelos económicos dominantes, que son androcéntricos, patriarcales, homofóbicos, es una agenda bastante fuerte de articulación entre mujeres de varias partes del mundo.

–¿Cuál es el otro desafío?

–Hay otro desafío, que es muy importante, que es más de raíz cultural y político. Porque nosotros lo que estamos mirando en la especificidad de Latinoamérica es que con las Constituciones de Ecuador y de Bolivia, lo que está pasando ahora en Chile y en Argentina, hay un intento de reformar el Estado. Nosotros somos sociedad civil, pero sabemos que como tal no podemos florecer si el Estado es un muro que no te deja pasar, que te impide hacer oír tus demandas. Para este Estado patrimonialista y oligárquico, como siempre fue en América latina, hubo dos soluciones: la primera fue el autonomismo, que está bien representado por los zapatistas, o sea, “si el Estado no quiere nada con nosotros, no queremos nada con el Estado”. Ahora en Argentina tienen un debate desatado dentro de los movimientos sociales para saber qué posición tomar sobre el Gobierno y sobre el Estado, que son dos cosas distintas. Para algunos hay que mantener la autonomía que viene del movimiento piquetero, de las empresas recuperadas. Frente al colapso del Estado, al “que se vayan todos”, obviamente que la autonomía es el recurso. Pero otros movimientos, al contrario, parten de la idea de que el Estado es una relación social, y por eso contradictoria, y que el Estado de Kirchner no es lo mismo que el de Menem, y que por eso es posible hacer alianzas.

–El Gobierno acaba de impulsar la expropiación del 51 por ciento de las acciones de Repsol de la petrolera YPF...

–Durante la gestión de Menem, en la que se privatizó todo, hubiese sido imposible pensar una medida de ese tipo. Hay movimientos autonomistas en Argentina para los cuales ese tema no es muy importante. Para otros, incluiría mi persona en esos, una nacionalización de la petrolera es algo significativo, que da una señal de un cambio de relaciones de Estado en Argentina. Los movimientos deben conectarse con eso. ¿Cuál serán los papeles de las mujeres? Aquí las mujeres solitas no pueden. Por más fuertes que sean. Y en Argentina lo fueron. Por la dictadura sabemos muy bien que le ha dado un protagonismo enorme al movimiento de mujeres, empezando con las Madres de Plaza de Mayo. El autonomismo a mi juicio va a dividir más algunos movimientos. Si sos autónomo y no quieres conectarte con el Estado, tú tienes que apoyarte en tus propias fuerzas y quieres consolidar tu base. Si tú estás en un movimiento como el LGBT y recibes plata del gobierno de Belo Horizonte y hay otros que son afrodescendientes, que también reciben plata, tienen un tema para tratar juntos: ¿cómo vamos a lidiar con este problema que es recibir la plata manteniendo la autonomía? El desafío de la economía y el de la reforma del Estado son los dos grandes retos del movimiento feminista y de todos los movimientos en América latina.

–Usted decía que las demandas de los movimientos feministas urbanos tienen que ver con los derechos sexuales y reproductivos, temas que a las mujeres mapuches no les resultan prioritarios para su agenda. Sin embargo, pienso que decidir sobre el propio cuerpo tiene que ver con el concepto de autodeterminación.

–Tienes toda la razón. Lo nuevo en este movimiento es que no hay transformación colectiva sin transformación individual. Aquí tendrás que hacer traducción intercultural con las mujeres mapuches. Tú puedes concebir tu cuerpo, mi cuerpo, como nuestro territorio. No es simplemente el río, el árbol. ¿Tú puedes mantenerlo sin respetar el carácter espiritual, autónomo de tu propio cuerpo o no? Esta es la traducción intercultural. Las mujeres mapuches no son hostiles. Lo que suelen ser hostiles son los discursos públicos. Pero cuando empezamos a transformar el cuerpo en una metáfora del territorio, que además transgrede a lo individual y a lo colectivo, porque nuestro cuerpo es una colectividad: es mío pero yo no vivo sin tanta gente que me alimente, que me viste, etc. Por eso la autodeterminación del cuerpo, que es mucho más importante para las mujeres, porque su cuerpo fue más disputado como mercancía, más veces, más tiempo, por una cultura machista, androcéntrica y patriarcal. Si logras hacer esto, no hay contradicción. Hay diferentes perspectivas con el centro en la autonomía.

viernes, 18 de mayo de 2012

Como un libro abierto

Ivette “Jaydee” Santiago vive orgullosa de todas las cualidades que la sacan de muchos moldes 

"Yo no quisiera morirme sin ver mi patria libre y equitativa”.
 
Como un libro abierto
Santiago llegó al residencial Columbus Landing por casualidad, y ahora se ha convertido en toda una líder para su comunidad. (Especial El Nuevo Día / Juan Luis Valentín)
 
Por Lilliam Irizarry / Especial para El Nuevo Día
Cualquiera diría que Ivette Santiago nació para romper esquemas. Abiertamente lesbiana desde los 13 años, es madre de dos hembras y un varón, profesa públicamente la santería y muestra sin tapujos los 11 tatuajes de su cuerpo.

Jaydee, como le gusta que la llamen, también es líder comunitaria,  dirigente estudiantil, activista de derechos humanos y candidata a la Asamblea Municipal de Mayagüez por el Partido Independentista Puertorriqueño.
“Yo vivo mi vida como un libro abierto y sé que, por ser como soy, rompo todos los estereotipos habidos y por haber”, expresa la presidenta del consejo de vecinos del residencial Columbus Landing de Mayagüez, al que ella prefiere llamar “el caserío”. “La palabra ‘residencial’ se la inventaron los políticos para que sonara más bonito. Pero si buscamos la etimología de ‘caserío’, dice que es un conglomerado de casas en un solo lugar. Para mí, esto es y seguirá siendo un caserío. La verdad, porque no se promulgue, no deja de ser verdad”, afirma.

La mujer de 42 años llegó a Columbus Landing hace una década, luego de que el desempleo la obligara a vivir en la calle y dormir en un automóvil junto a sus hijos. Arribó sin otro interés que darles un hogar, pero de la noche a la mañana se convirtió en la líder de toda una comunidad.

La transformación ocurrió una madrugada en que la compañía que administraba el residencial intentaba tumbar las verjas que los residentes habían construido en sus patios. Ella oyó a lo lejos el ruido de máquinas, abrió el portón y caminó hasta el lugar donde se pretendía destruir jardines y huertos caseros. No logró convencerlos de que dejaran las verjas en paz, pero radicó una demanda que desembocó en un victorioso pleito de clase que demostró lo que una comunidad puede lograr cuando se mantiene unida.

“(Por) el hecho de que yo me atreví a hacerle frente al monstruo grande -a la Policía, los administradores y hasta a los gringos (de HUD)-,  los vecinos vieron en mí una líder. Y si yo les puedo ayudar, por qué no lo voy a hacer. Solo Dios sabe por qué terminé viviendo en este caserío”, dice.

Santiago tiene una oficina con aire acondicionado en el edificio de usos múltiples, pero su verdadero centro de operaciones son las calles del residencial, donde saluda a medio mundo por su nombre, llama a capítulo a un muchacho que no ha cumplido una tarea que le asignó y alienta a otro que entrena a deshoras en el gimnasio.

Todo, absolutamente todo lo que Jaydee hace por su comunidad, es voluntario. “Vivo del PAN (Programa de Asistencia Nutricional). Haciendo, de tripas, corazones. A veces me las veo feas, pero he aprendido que el cantazo de la puerta que se cierra abre 10 puertas más”.

Asegura que vive en el mejor caserío del mundo. En Columbus Landing se puede dormir con la puerta del apartamento abierta, pues la misma comunidad ha erradicado los robos, y en los últimos tres años ha ocurrido un asesinato: el de una persona que no residía allí. De siete puntos de drogas, hoy quedan dos.
En su comunidad y donde quiera que va se siente respetada en todos los aspectos de su vida, incluyendo su identidad sexual. “Yo digo que yo vivo una vida heterolésbica. ¿Los heterosexuales se abrazan y se besan en público, verdad? Pues yo también.  Y el que no quiera verlo, que cierre los ojos”, sostiene Santiago, quien hace ocho meses inició una nueva relación amorosa.

Para Jaydee, el ser abiertamente lesbiana le ha ayudado en su trabajo comunitario, porque la gente se da cuenta de que es honesta y franca. Con su familia es otro cantar, especialmente con su madre, a quien no ve hace ya casi cuatro años. “Yo no la rechacé por ella ser homofóbica; ella me rechazó por yo ser lesbiana”, dice con una voz contundente.

Reconoce que a su madre, que es evangélica, también se le ha hecho difícil manejar su fe en la santería. “Creo que existe un ser más allá de nosotros que nos cuida y nos guía, independientemente de cómo le llamemos”.

Su mayor relación, destaca, es con sus hijos de 21, 18 y 13 años. Los tres son del mismo padre, un amigo al que jamás le ha pedido un centavo de manutención. “Mis hijos son mi mayor éxito en la vida”, dice, y su rostro resplandece.  Con sus dos hijas ha tomado clases en la universidad, a donde regresó hace tres años para hacer un bachillerato en Ciencias Sociales que la impulse a cumplir su meta de estudiar Leyes.
Santiago tiene otros dos sueños que son mucho más grandes, aunque no imposibles. “Mis dos amores son la Patria y el Derecho, y mis dos sueños son la independencia de Puerto Rico y la igualdad de derechos para todos. Yo no quisiera morirme sin ver mi patria libre y equitativa”.

martes, 15 de mayo de 2012

Otro comentario sobre la lactancia...

Felizmente sigo recibiendo comentarios profundamente sentidos de mujeres lactantes a mi escrito de la semana pasada en la Revista Cruce.  Aquí les comparto otro, honesto y detallado, de la experiencia de una mujer que descubierto mucho de sí misma a través del amamantamiento de sus hijos.

Te felicito por traer al debate público y político los diferentes acercamientos que se pueden dar en torno a la lactancia, un proceso tan íntimo entre una mujer y su cría. Quisiera comenzar mi comentario confesando que soy madre lactante, de esas que se imponen a sí mismas una carga moral por juzgar en silencio y sin conocer las circunstancias a las mujeres que no lactan (lo sé, está mal, por eso no lo digo, me lo callo). Mi primera reacción es siempre pensar que si no lo lograron es porque no confiaron plenamente en sus cuerpos ni fueron asesoradas por las personas idóneas. A la vez entiendo que hoy en día la carga emocional que se le impone a la mujer que no lacta es muy pesada e injusta. Me molesta el protagonismo masculino que domina la obstetricia y el tema de la lactancia pero me molestan aun más las actitudes irresponsables e insensibles de muchas obstetras y pediatras que son mujeres, madres y profesionales pero que no brindan un apoyo adecuado y solidario en el proceso.

En mi caso, confieso que los primeros días de lactancia con mi hijo mayor fueron bien dolorosos, me laceré los pezones hasta el punto que al bebé le salió por la boquita un buche con sangre. Fuimos afortunados porque esto ocurrió mientras visitábamos a la pediatra, quien estaba certificada como educadora en lactancia y es de las que piensa que la mayoría de las condiciones de los primeros meses de vida se pueden mejorar o curar lactando. Yo estoy de acuerdo con esa perspectiva y modo de proceder, y sinceramente prefiero a una proveedora de salud que crea que muchas condiciones en la edad temprana se pueden curar de la manera más natural, utilizando y compartiendo con nuestras crías lo que nuestros propios cuerpos son capaces de producir. Me he sentido mucho más cómoda con esa perspectiva que con la de un proveedor que en ocasiones responde a otros intereses, recetando medicamentos y fórmulas costosas para solucionar cualquier situación de salud. Por eso pido a muchas de las lectoras que no me juzguen por confiar más en el cuerpo femenino que en las farmacéuticas y en las compañías que producen fórmulas.

En el caso de mi primer hijo y su buche con sangre, pues, la pediatra verificó que el bebé estuviese bien pegado, me recetó una cremita por si empeoraba y me recordó varias técnicas sencillas que ayudarían a sanar mi cuerpo (como estar en teta todo el día, echarme de mi propia leche en las laceraciones y no lavarme con jabón, entre otras). Confieso que los días que siguieron lloraba cuando el bebé se pegaba. Por eso desde ese momento pienso que todo texto sobre lactancia debería advertir que: "en muchos casos lactar podría resultar bien, bien doloroso en un comienzo". Muchos escritos dicen lo contrario, lo que te llena de dudas y sentimientos encontrados cuando la estás pasando tan mal al comienzo del proceso.

En este sentido no soy nada de romántica, entiendo que lactar en la actualidad es un proceso que requiere mucha paciencia, mucha voluntad y mucha tranquilidad, si se desea que realmente funcione. Me parece que es muy importante que el enfoque no sea tanto el de hacer sentir mal a las mujeres que no lactan sino concentrarse en las ventajas y desventajas que pudieran tener cada una de las opciones, no tan solo para el bebé sino también para la madre tomando en cuenta los espacios laborales, públicos, domésticos, privados, cuál sea…en los que por decisión propia o circunstancial (esta es la más difícil de definir y analizar) le toque desempeñarse. El hecho de que las campañas solo resalten el beneficio de la lactancia se debe a que científicamente la opción de lactar ha demostrado ser más beneficiosa para la salud del bebé (también reconozco que hay cierto grado de manipulación y el análisis de esos resultados es sumamente complejo).

Igual que ocurre con las decisiones sobre el parto, constantemente estas campañas se enfocan principalmente en la salud del bebé, olvidándose del bienestar real de la madre. Creo que se deben enfocar en facilitar herramientas adecuadas, información y grupos de apoyo a la mujer que decida lactar (que personalmente creo que debiera ser la mayoría), y hacer que cada mujer disfrute ese tiempo de lactancia para pensar y crear. Hablando con mis hermanas y amigas hemos descubierto que para algunas lactar ha abierto espacios creativos, que lactar se puede utilizar para realizar muchas actividades que brindan tranquilidad, satisfacción y placer. En los primeros 6 meses después de parir se pueden hacer muchas, muchas, muchas tareas con el bebé pega’o a la teta (reconozco que en algunos espacios laborales es bien cuesta arriba). La lactancia también puede abrir un espacio muy activo para redestribuir las tareas en el hogar, en el trabajo y en la comunidad y producir cambios permanentes dirigidos hacia a estilos de vida más equitativos y justos, mientras piensas, imaginas y sueñas con nuevos proyectos. Considero que hay que ir más allá, liberarse, claro está, pero tratar de liberarse lo más posible de todo discurso. El contacto físico con las crías durante la lactancia no debe juzgarse en términos de si los hijos te quitan o te dan libertad, sino dejar que nuestra animalidad se manifieste, ¿por qué no? Me atrevería a decir que la paz que se alcanza durante la lactancia va más allá de nuestra humanidad y me parece que - esa misma paz- es un estado fundamental para alimentar la sensibilidad de nuestra propia humanidad.

Llevo tres años corridos de lactancia, he lactado a mis dos hijos, la semana pasada desteté a la pequeña. Sinceramente, ha sido muy gratificante y bonito pensar y sentir que les he pasado lo mejor de mí, que les he transmitido (sin hablar, es decir, sin utilizar necesariamente el verbo) lo que soy capaz de producir desde las entrañas (y siendo mi propia jefa, ja!). En mi opinión y experiencia, el embarazo, el parto y la lactancia –aunque a muchas les pueda parecer una idea retrograda y antifeminista– me ha llenado de poder y he descubierto un nuevo camino y muchas pasiones desconocidas. Nunca me imaginé madre ni pensé que me conmoverían estos temas. La idea de que la mujer pierde su identidad luego de convertirse en madre podría replantearse, quizás sea bueno liberarse por un momento de la carga de la identidad, dejar que el cuerpo haga lo que tiene que hacer, para entonces emerger y, desde nuestra humanidad y condición femenina (ya en términos de constructo social y cultural), ver todo de una manera distinta. En mi caso, este proceso de aprendizaje sobre mí misma, que ha surgido desde el cuerpo, me ha ayudado a sentirme más fuerte y en control de mi vida.
-Y.L.

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domingo, 13 de mayo de 2012

Madres del siglo XXI

En promedio, las puertorriqueñas están esperando más antes de ser primerizas y muchas son jefas de familia
madre soltera
Ana Victoria Vizcarrondo junto a su hija Victoriana. (Mariel Mejía Ortiz/ END)

Por Mildred Rivera Marrero / mrivera1@elnuevodia.com
Por amor o admiración, muchos afirman que  “madre solo hay una” como si  esa frase las describiera a todas. Pero, pocos saben cómo son, qué circunstancias históricas  las definen,  qué función cumplen en la evolución de la sociedad.
Un análisis  del Censo del 2010 revela que siguen siendo pilar en  la familia y deja entrever la transformación experimentada por  esas mujeres como grupo poblacional durante la primera década de este siglo. Esperan más para tener su primer hijo, tienen menos hijos, gran parte es jefa de familia y está divorciada, estudian y trabajan.
Una mirada a la vida de tres madres de esta época confirma los números. Pero, además, ofrece explicaciones y matices que escapan a las estadísticas.
Ocurre al hablar con Ana Victoria Vizcarrondo, de 30 años. Tuvo a su hija Victoriana a los 27 años y no quiere tener otro retoño por ahora. Cuenta que es natural de la Península de Cantera, que tiene tres hermanos y que fue la única que estudió, administración de empresas.  A los 17 años comenzó a hacer trabajos de modelaje, lo cual provocó diferencias con su madre y se independizó.



Trabajó por años como vendedora  en diferentes comercios y, luego de estar desempleada por dos años, acaba de iniciar en un trabajo a tiempo parcial. No tiene carro y usa transportación pública. Es jefa de familia y no recibe pensión alimentaria para su hija, por lo que es beneficiaria del Programa de Asistencia Nutricional.
Con mucha determinación afirma que volverá a la universidad,  cambiará su situación   económica y podrá dejar de recibir ayuda del gobierno.
“Me gusta estudiar. Quiero tener mi casa y un trabajo 'full time' como antes. Quiero que mi hija esté en un colegio y tenga actividades fuera de la escuela. Yo no me compro nada. Todo es para la nena. No tengo televisor ni cable”.

 Y no está sola. Su situación es similar a la de miles de mujeres que son madres. Según el Censo del 2010 son las mujeres entre 20 y 34 años las que mayormente tienen hijos, aunque esperan un poco más para tener el primero -la media de edad subió de 22 a 25 años en una década. El igual que Ana Victoria, después de ese primer hijo lo piensan para volver a procrear. En el 2010 la cantidad de nacimientos vivos bajó 30% respecto al 2000 (42,195).

BAJO EL NIVEL DE POBREZA
Aunque, en general, las mujeres estudian más que los hombres y el 41.5% reporta estar trabajando, muchas  son jefas de familia con hijos (más del 60%) y su situación económica las ubica bajo el nivel de pobreza.
No obstante, en esos números subyace el espíritu de lucha la esperanza que mantienen en medio de una situación económica y social apretada.

Yabritza Paz Rodríguez, de 28 años,  ha dado una lección de ello a través de su vida. Su padre la crió a ella y a su hermana desde los tres y seis años, respectivamente, y cuando ella se graduó de cuarto año  fallecieron su abuela, que ayudaba en su crianza, y su madre. También en ese año salió embarazada. Integrante de una familia de bajos recursos,  con un hijo en camino y con otro que nacería un año más tarde, pudo haber claudicado. Escogió  superarse.

“Hice enfermería práctica en un instituto, mientras trabajaba, y mi papá me empujaba. Me decía que yo podía dar más. Me gradué con  3.98 de promedio en cuarto año”, recuerda Yabritza,  también natural de Cantera.

Jefa de familia, con casa alquilada y con una pensión alimentaria para sus hijos de $100, su  papá se encargó de ayudarle con el cuido de sus criaturas para que estudiara y trabajara. Ese respaldo le permitió terminar enfermería graduada y su desempeño académico le ganó una beca y un internado del Hospital Auxilio Mutuo, donde generó ingresos que le permitieron comprarse el primer carro el año antes de terminar. Hasta entonces, se transportaba en guagua pública y el tren.
Recuerda esos años con un mal sabor por los sacrificios.  “Era bien fuerte. Yo estaba en la escuela y los nenes estaban en la escuela  y llegaba a hacer asignaciones y preparar las cosas para el otro día”. Esa rutina continúa, no importa la rotación de turnos de trabajo que tenga ni lo fuerte que puedan ser los retos académicos de sus hijos, que van al colegio María Auxiliadora de Cantera, cuyo costo es viable para ella.
De sus expectativas dice: “Mi meta inmediata es hacer estudios especializados en oncología para adquirir más experiencia. Y quiero mudarme a Estados Unidos para buscar una mejor educación para mis hijos”.
Margarita Cruz, de 25 años y residente en la barriada Las Monjas, también tiene metas.  Su madre murió cuando tenía ocho años y la crió su abuela. Tiene una niña de dos años, vive sola, es jefa de familia,  paga alquiler y no tiene carro.
Trabaja en uno de los  Head Start de su sector, pero quiere terminar el año que le queda para terminar  el bachillerato en Educación y “quiero seguir estudiando la maestría porque con el bachillerato no se hace mucho”.
“Toda mi vida he trabajado desde que estaba en la universidad. Mi abuela me inculcó eso. Nunca he me dejado llevar por las dificultades. Soy una persona positiva y luchadora”, declara.
Esa aspiración de superación de ella y las otras entrevistadas debería ser la del gobierno, según la demógrafa Judith Rodríguez, quien alertó sobre la necesidad de dar más servicios para apoyar a estas mujeres en la crianza de sus hijos. “Si no invertimos en esas primeras etapas, no podemos quejarnos si el niño se convierte en un delincuente”, sostuvo la experta.